Cuando No te espera alguien y te equivocas


El mundo gira a nuestro alrededor, las cosas van ocurriendo y nosotros estamos en una especie de estado en Automático por la vida, es allí en ese preciso instante donde queremos cosas, no para divertirnos sino para sentir que por algo estamos aquí.
Esta es la historia de Lucía, una mujer como tú y como yo y si eres hombre quizás conozcas una parecida, de esas que caminan por esta travesía tocando madera en busca de un buen trabajo, ir a fiestas, comprarse una cartera Furla pero por sobre todo encontrar el tesoro perdido, un caballero que la quiera más que ella a él.
Esbelta, un poco alta de cabellos oscuros como el azabache de mirada tierna y picara ( Contradictorio no?) no llega aun a tener los 30 pero le pisan los talones, con voz fuerte pero insegura, que juega con el azar del universo y no parece tener suerte, hasta que el sol giro diferente un día y sus mañanas cambiarían afectando su café.
Abogada como Profesión escogida, vendedora de una tienda y con mucho orgullo, la conocí un día sin quererlo en busca de unas sandalias que dejaran a más de uno en un tacón, me propuso varias opciones y me quede con las plateadas exclame: “ Ojala me duren como unas que tuve”  ya cuando me iría de aquella tienda costosa que no diré su nombre, no por la publicidad que le haga, sino porque no hay más, zapatos bonitos, se dirigió a mi diciéndome: “Disculpe, se parece usted a una hermana que tengo”, yo me asuste pensé que me iba a robar, ya en estos tiempos hasta un buenos días nos crea temor, luego pensé que cuando me lo dijo, sus ojos no eran de quererme robar sino de llorar. Me detuve unos segundos para seguir la conversación novedosa, que salió de la nada, y en media hora ya éramos amigas como si la niñez hubiese pasada con nosotras.
Siempre he vivido ocupada, pero mi nueva amiga siempre vivía amargada. La razón no les sabría decir con certeza, hasta que un día me detuve y note que su verdadera mascara no se la había quitado, ella era infeliz porque se separó de su novio por un viaje que tuvo que hacer él, y ella, Lucia se cansó de esperarlo.
Como buena amiga, le recomendé que le escribiera, que se acercara a él, a lo que respondió: “ No me dices nada nuevo, todo eso que me dices ya lo he hecho”, exclamó con tristeza.
Bueno, solo me quedaba una bala de plata, y era mantenerle la fe.
Transcurrió el tiempo, no mucho por cierto, y recuerdo que le dije: “ Si te quiere, volverá”  Ella se reía sarcásticamente de mí, pensaría que era de esas personas que vivimos del romanticismo, y no se equivocó.
Un día decide dejar todo, trabajo, País, familia y marcharse muy lejos, me imagino, para olvidar….Ese mismo día llego su esperado amor, en busca de la mujer que había perdido en alma.
Rápidamente, las cosas cambiaron, el viento giraba a su favor y la luna no le parecía aburrida.
No soy una heroína, pero si podemos salvar con las palabras.



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